El fracaso puede responder a muchas causas, pero las malas decisiones suelen estar en el centro de la escena y provocar grandes daños.

 

l fracaso de un negocio se puede deber a muchas causas. Incluso puede ser consecuencia de una serie de causas que interactúan entre sí y que le «juegan en contra» al desarrollo del proyecto, por lo que se podría decir que es multicausal.

El contexto, elementos de la realidad, situaciones puntuales del rubro en el que se desarrolla, entre otros, son algunos de los motivos por los que un negocio podría comenzar a decaer y acabar en un fracaso absoluto.

Sin embargo, la mayoría de las caídas de los proyectos de negocios suelen estar relacionadas a malas decisiones que se toman en el camino hacia el objetivo. Pueden ser más o menos, más importantes o irrelevantes en el momento, tomadas por el dueño de la empresa o por uno de sus empleados, pero lo cierto es que las malas decisiones casi siempre dicen presente.

Daniel Kahneman, el psicólogo que en 2002 ganó el Premio Nobel de Economía, considerado el padre de la economía conductual, concluyó en un estudio que en ocasiones los líderes a cargo de tomar las decisiones, que previenen o provocan un desastre, desarrollan sesgos cognitivos que afectan su desempeño.

Un sesgo común es que con el paso del tiempo los hombres y mujeres tienden a aceptar las anomalías como eventos normales. Por ejemplo, alguien que sube todos los días por una escalera con un peldaño roto, cuantas más veces sube la escalera peligrosa sin incidentes, más segura siente que es. Lo mismo sucede con pequeñas costumbres que llevan a afectar seriamente las finanzas personales.

En todas las organizaciones, sin importar el rubro, suelen ocurrir pequeños fracasos, que se solucionan en el corto plazo y que apenas representan un desafío. En general, pasan inadvertidos, ya que no causan ningún daño inmediato. Sin embargo, impregnan el negocio en el día a día, y una vez que se acumulan es demasiado tarde.

Para una organización, esta tendencia puede ser catastrófica. Diane Vaughan, socióloga de la Universidad de Columbia, estudió este fenómeno en su libro The Challenger Launch Decision, en el que detalla los comportamientos organizacionales y sesgos que permitieron que una anomalía mecánica evidente en un transbordador espacial fuera vista como algo normal con el paso del tiempo.

La mayoría de las personas está acostumbrada a malinterpretar o ignorar las advertencias que implican las pequeñas fallas, por lo que las suele dejar pasar sin examinar o las deja pasar porque todo va bien a pesar de ese error. Sin embargo, estos acontecimientos, aparentemente inofensivos, pueden provocar el estallido de una crisis si las condiciones cambian un poco.

Para los expertos, hay que evitar que los errores se conviertan en «eventos normales»

Según Kahneman, hay más de 20 tipos de sesgos cognitivos, aunque en realidad son cuatro los que con mayor frecuencia intervienen en la toma de malas decisiones al momento de hacer un negocio.

1. El «catastrofismo»

Tal como su nombre lo indica, se trata de la tendencia a percibir o esperar catástrofes sin tener motivos razonables para ello y sin evidencia en la realidad que indique que algo malo puede suceder. Por ejemplo, un cliente que se queja en redes sociales es percibido como el inicio de una crisis de comunicación que va a desprestigiar el negocio.

El peligro del catastrofismo es que puede generar parálisis en la toma de decisiones y matar el negocio.

2. La negación

Es la tendencia a negar los problemas, debilidades o errores. De alguna forma, es lo opuesto al catastrofismo. Quien sufre de este sesgo cognitivo tiene pensamientos como: «Es normal que las ventas estén bajas, el próximo mes van a subir», «No importa si no reviso mi mail, nada urgente puede suceder».

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3. Sesgo confirmatorio

Sin notarlo, se sesgan los recuerdos para que se adapten a las ideas preconcebidas. Esto significa que buscan constantemente retener la información de la realidad que les permite confirmar lo que ellos piensan sobre un determinado aspecto del negocio.

Una persona que piensa de esta manera puede ser incapaz de ver otros elementos que operan alrededor de su negocio y de su trabajo. De este modo, es probable que tome una decisión inadecuada por haberla tomado considerando información parcial.

4. Proyección del pensamiento

La proyección del pensamiento es una tendencia a creer que se sabe lo que los demás están pensando y, en consecuencia, van a hacer o decir. Si bien en algunos casos puede ser cierto -sobre todo cuando se conoce mucho a la otra persona-, la realidad es que hay un alto margen de error cuando se dice saber lo que otro piensa.

Así, este sesgo puede llevar a tomar muy malas decisiones y peores actitudes. En caso de duda acerca de lo que alguien piensa, es mejor preguntar de forma directa y clara. Duda de tus opiniones hasta que tengas claras confirmaciones de ellas.

Emprendedores y fracaso
Los emprendedores también hacen negocios, claro, pero la forma de relacionarse con los clientes, los tipos de negocios, la dimensión, y otros aspectos, son totalmente distintos a los grandes empresarios.

Así como todo es diferente, los errores que se suelen cometer al momento de emprender y encarar un negocio también lo son.

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El primero de ellos es no tener un plan de negocios escrito. Aunque emprender parece relajado, distendido y sencillo, la realidad es que la disciplina y el orden son la base de todo negocio exitoso. Pensar con el plan escrito permite visualizarlo de manera más clara y hacer modificaciones en caso de que sea necesario.

Pensar un modelo sin ingresos, sea por poco tiempo o para siempre, es un grave error. Incluso una empresa sin fines de lucro necesita generar ingresos (aunque sean donaciones) para poder cubrir los costos operativos. Para cualquier emprendedor es clave entender que más allá del producto o servicio que se ofrezca, si no hay dinero el negocio será insostenible.

Siempre hay que limitar las opciones de negocios. Los expertos suelen aconsejar no abrir un abanico muy amplio de opciones -aunque sean buenas-, sino focalizarse en pocas alternativas.

La competencia, y la subestimación de la competencia, son un grave problema para el emprendedor. Por un lado, si los competidores son muchos el mercado se constituye como difícil de penetrar, y el negocio pasa a ser poco rentable. Por otro lado, si los competidores son pocos o no existen puede ser una señal de que no hay mercado donde se está buscando y quizá sea más adecuado pensar en otra alternativa.

El equipo de trabajo es esencial. La realidad es que los inversionistas financian personas que puedan realizar una idea, no la idea en sí misma. Del negocio que se trate hay que procurar tener personas expertas, que sepan del tema en el que están trabajando, y sean capaces de llevar adelante el proyecto. En paralelo, los expertos recomiendan seguir una serie de tips clave para estar enfocados en un proyecto:

-Planear el día

Es fácil dejar que las prioridades de los demás se adueñen de tu día porque los pendientes nunca terminan. Pero los emprendedores imparables planean su día con anticipación, antes de que el caos comience. Y no lo hacen de cualquier manera, sino que se aseguran de apartar tiempo para dedicar a sus prioridades.

-Establecer metas claras

Conocer los objetivos permite seguir adelante cuando las cosas se pongan difíciles, y dará un punto de enfoque cuando no se esté seguro de qué hacer. Pero las metas no sólo deben centrarse en el largo plazo, sino también en el mediano y corto. Esto permitirá organizar días y semanas.

-Tomar riesgos calculados

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Mucha gente piensa que los emprendedores toman riesgos alocados sólo por diversión. Sin embargo, mientras que los riesgos pueden parecer alocados para quienes no tienen una mentalidad emprendedora, en realidad están calculados. O, al menos, así debería ser. Si es el tipo de empresario que da el salto sin conocer los números y las probabilidades detrás de tus acciones, no durará mucho tiempo.

-Conocer fortalezas y debilidades de uno

Los dueños de negocios exitosos son honestos consigo mismos. Conocen sus fortalezas y debilidades, y las tienen en cuenta en todas las decisiones de negocios. Se requiere humildad para examinarte a sí mismo de esta manera, pero los beneficios son inmensos al saber exactamente a quién debe contratar, con quién se debe asociar y qué habilidades puede ofrecer.

-Contratar jugadores de primer nivel

A menudo, los emprendedores que no tienen éxito son los que temen tener jugadores de primer nivel en sus equipos de trabajo. Puede que se sientan amenazados, o quizá no ofrecen los incentivos suficientes para quedarse con los mejores elementos. De cualquier manera, ellos son los que pierden. Céntrese en llenar los huecos que tienes actualmente; así logrará crear el increíble equipo que necesitas para alcanzar el éxito.

 

Conocer las fortalezas y debilidades propias, clave para no fracasar en un negocio

-Siempre buscar oportunidades

Los empresarios realmente exitosos no se duermen en sus laureles. Se percatan de que la vida cambia rápidamente, y de que el negocio se mueve a un ritmo aún más rápido. Por eso siempre hay que mantenerse alerta de la siguiente oportunidad. y detectar nuevas tendencias en la industria o buscar una nueva aplicación para una herramienta vieja.

-Evaluar acciones y prioridades a diario

Los empresarios exitosos saben que cada día construyen su futuro. Por eso, rara vez dejan que pase un solo día sin hacer una revisión de su progreso. Cuando analice sus logros al final de cada jornada puede celebrar sus avances, así como hacer frente a las situaciones complicadas. Ésta es una gran práctica que debería iniciar de inmediato.

 

 

Fuente: iprofesional.com

 

 

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